El
concepto de La Sombra es antiquísimo, podemos rastrearlo en varias
culturas, sobre todo en oriente y los pueblos primitivos.
La
Sombra hace alusión a aquellas partes oscuras y ocultas del hombre.
En
ciertas tribus, la Sombra es representada a través de un animal, por
ejemplo.
En
el taoísmo hablamos del concepto de yin-yang, donde todo en esta vida
se presenta en forma dual: claro-oscuro; bello-feo;paz- guerra. El
Tao comprende el Todo, con su cara luminosa y su cara oscura. La
Sombra sería esa parte oscura; oculta. No reconocer esta parte sería
vivir incompletos. El yin-yang son un par de opuestos que se
complementan, formando un Todo.
En
el budismo, aparece este concepto de la Sombra; por ejemplo en “La
enseñanza de Buda” cuando relata cómo el Príncipe Siddharta se
convierte en Buda en su última meditación bajo el árbol: “Aquel
día el alma del príncipe experimentó una lucha intensa e
incomparable. Desesperación del alma, pensamientos confusos, sombras
negras del corazón, figuras horribles de la mente” El príncipe
alcanza la iluminación, sólo después de haberse enfrentado a su
sombra.
El
psiquiatra y psicólogo Carl Jung, trabaja y desarrolla este concepto, donde se
denomina la Sombra a aquellos rasgos de nosotros mismos que no
aceptamos y lo mandamos a lo inconsciente.
La
misma se va formando desde la temprana infancia, en principio a
partir de los mandatos y transmisiones de nuestros padres; donde
aquellos aspectos que son rechazados y no admitidos en nuestro seno
familiar, son apartados de nuestra conciencia y caen bajo la Sombra.
En este proceso va tomando forma nuestra personalidad, moldeada por
el entorno y el contexto sociocultural; donde nos vamos identificando
con algunos rasgos y otros, son rechazados para ser amados y
aceptados.
Pero
estos aspectos desplazados de la conciencia no desaparecen, nos
acompañan desde la oscuridad como una carga, una gran mochila que
llevamos de manera inconsciente y que de tanto en tanto afloran, por
ejemplo, a manera de síntomas, sueños, actos fallidos, irrupciones
de ira y violencia. Sobre todo, proyectamos en los otros aquellos
aspectos de nosotros mismos que cayeron en la Sombra. El otro se
vuelve peligroso; el otro me miente, me engaña; me irrita verlo.
Cuando
no soportamos ver a determinada persona, o ciertos comportamientos y
actitudes me irritan en demasía; habría que preguntarse si esa
persona, en realidad no está siendo como un espejo para mi en el
cual proyecto algún rasgo de mi Sombra.
Las
parejas y las relaciones intrafamiliares, son un claro ejemplo donde
se ponen en juego estas proyecciones: “-Soy una mujer activa,
trabajadora,muy responsable y me irrita enormemente llegar a mi casa
y encontrar a mi marido echado en el sillón viendo la tele-” Tal
vez esa mujer no se permite descansar, para ella el ocio es algo
inadmisible, está mal; por lo tanto forma parte de su Sombra. Este
aspecto rechazado también es parte de ella,y cuando es reflejado en
su marido, se irrita.
Qué
pasaría si esa mujer, cuando nota que se está enojando con su
marido, se preguntara: ¿Qué me molesta de esto? ¿Qué tiene que
ver conmigo? ¿ Me permito tener un momento para simplemente no hacer
nada y estar patas para arriba? ¿Qué tiene de malo eso?
Un
hombre que desde chiquito le enseñaron que está mal llorar; que en
la vida se triunfa y te respetan si te ven fuerte; seguramente sus
aspectos más tiernos y sensibles formen parte de su sombra,
mostrando una imagen de hombre rudo ante la sociedad. ¡Pobre
hombre; cuanta presión; cuanta carga debe sentir al no poder
expresar lo que siente!
Supongamos
a un joven “bueno”, amiguero, donde todos pueden contar con él
para pedirle favores; descuidando su propia persona al servicio de
los demás. Tal vez siempre se pregunta: ¿Cómo voy a decir que no?
Sus lado agresivo cayó en la sombra, en pos de sostener su imagen
de “buen muchacho”. Imaginemos que un día, cansado de prestar
servicio, estalla de ira ¿Qué pasó? Sus amigos no lo reconocen.
Pareciera que su sombra irrumpió en la conciencia, y de la peor
forma: "Dr Jekyll se transforma en Mr. Hyde". Este monstruo también era
parte suyo, siempre lo fue y requirió un gran gasto de energía
mantenerlo oculto.
El
camino hacia la salud y una vida más completa, requiere atravesar la
sombra; reconocerla e integrarla a nuestra vida.
La
sombra desde lo inconsciente adquiere mucha fuerza y nos juega un
papel en contra; siendo una pesada mochila que soportar.
Traer
nuevamente esos aspecto, que alguna vez fueron desterrados de la
conciencia, hacia la luz e integrarlos a la personalidad, produce un
gran crecimiento. Por ejemplo: reconozco y acepto esa parte agresiva
que siempre rechacé de mi, por considerarla mal vista por los demás,
y me amigo con ella, quitándole su poder hostil y transformándola
en la capacidad de saber poner límites y defenderme en la vida.
En
el libro: “La enfermedad como camino” dice: “La sombra es el
mayor enemigo del ser humano: la tiene y no sabe que la tiene (…)
La sombra nos hace enfermar, es decir nos hace incompletos: para
estar completos nos falta todo lo que hay en ella”
Integrando
la Sombra, aliviamos nuestra mochila; nos sentimos más libres y
sinceros con nosotros mismos; recuperamos la energía que invertimos
en sostenerla; nos volvemos más sanos y comprensivos con los otros,
porque al fin y al cabo nadie es perfecto.
Lic. Lorena Fornillo

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