Vibraciones

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martes, 13 de junio de 2017

VOLVER A LA TIERRA

Hay una mitad de nuestro cuerpo que en los tiempos actuales va perdiendo importancia. Vamos por la vida como si nos faltara la mitad inferior, flotando en el aire. Una sensación de inseguridad, falta de apoyo, ansiedad y angustia se presentan como los malestares de estos tiempos; con una cabeza super inflada por la cataratas de estímulos visuales y nuestras propias preocupaciones y obligaciones.
El gran avance tecnológico, apunta a que cada vez nos movamos menos; podemos conseguir las cosas que deseamos desde nuestra propia casa y realizando un simple clic. Podemos comprar, trabajar, estudiar, relacionarnos con amigos y hasta enamorarnos sentados frente a una computadora.

Una vez iba caminando por una Avenida muy transitada. Me quedé asombradísima al ver una joven cruzar la calle con el semáforo en su contra; los autos pasándole por delante y atrás; pero ella parecía estar en otro mundo o como se dice habitualmente: “en la luna”. La mujer caminaba completamente absorta hablando por celular; y lo peor de todo es que a nadie llamó la atención, cada uno iba metido en sus propios pensamientos.

Gente que pareciera ir flotando por la vida encontramos por doquier. Es tanta la estimulación que recibe nuestra cabeza, que pareciera no haber tiempo de ocuparse de la parte inferior de nuestro cuerpo. Lowen denomina a estas personas: “los colgados”.
La vida tan sedentaria que llevamos hoy en día, hace que perdamos contacto con nuestra base. De la cintura para abajo nuestro cuerpo va perdiendo vitalidad; la energía se va estancando y perdiendo el estado vibratorio.
El movimiento, el ejercicio, la danza, nos permite conectarnos con esta mitad olvidada. Lowen dice: “La toma de tierra supone que la persona -descienda- que baje su centro de gravedad, que se sienta más cerca de la tierra”

Estar en contacto con la tierra aporta mayor seguridad; tus piernas comienzan a vibrar; tus pasos se vuelven más certeros. Aumenta la confianza, la creatividad y el camino hacia el placer y una sexualidad más plena.
La toma a tierra ayuda a la persona a conectarse con su animalidad; con la fuerza; con la creación. La locomoción, la defecación y la sexualidad son funciones de esta mitad inferior.
Cuando logramos que el centro de gravedad del cuerpo se deposite en la pelvis; en el bajo vientre, siendo nuestros pies los soportes energéticos; logramos un equilibrio mente-cuerpo.
La fuerza vital se desarrolla en esta zona y los orientales conocen bien este centro de equilibrio. Los japoneses lo llaman: “hara”, que significa vientre; y sus disciplinas apuntan a desarrollarlo. Dürckheim escribe: “Cuando un hombre posee un Hara plenamente desarrollado, tiene la fuerza y la precisión de realizar acciones que de otro modo nunca podría conseguir, ni siquiera con la técnica más perfecta, la mayor atención o la más grande fuerza de voluntad. Sólo lo hecho con Hara tiene éxito completo”.

Caminar descalzos por el césped; sentarse en el suelo bajo un árbol; entregarnos a una sexualidad plena con la persona que amamos; bailar; movernos; son cuestiones tan sencillas, básicas, que no requieren dinero y que nos pueden aportar una gran sensación de bienestar, nos ayuda a descargar las tensiones del día, nos sentimos más vital, creativos y gozosos.
Tal vez puedan objetar que no hay tiempo para tomarse estos recreos; el reloj corre a mil por hora y las obligaciones son muchas. Pues bien, mantenernos unidos a la tierra a veces sólo basta con un cambio de postura.
Desde niños, sobre todo en edad escolar, nos enseñan a pararnos derechitos; hombros atrás, pecho afuera, panza hundida; verdaderos soldaditos. Observen a un niño más pequeño, que todavía no está atravesado por las “buenas costumbres”; su parada es relajada, descontracturada, los hombro bajos y la panza afuera. Ese niñito vibra, anda por la vida sin bloqueos.

Lowen nos enseña que hay dos “mandamientos”, así los llama, para permanecer con la toma a tierra en cualquier momento, independientemente de la actividad que uno realice: mantener las rodillas ligeramente flexionadas y dejar salir el vientre.
Tal vez esta postura nos resulta inapropiada, muy lejos de lo que la cultura nos impone como atractivo.
Las rodillas son los amortiguadores del cuerpo, mantenerlas flexibles permite que la energía fluya libremente por nuestras piernas, cargándonos de energía y descargando a la vez, nuestras tensiones. Permite también que nuestro cuerpo soporte cargas, ya sean materiales como psicológicas.
Fíjense en un fisicoculturista cuando levanta una pesa; sus rodillas son flexionadas para poder realizarlo, de otro modo, con las rodillas rígidas, todos nos imaginamos que podría sufrir una grave lesión en su columna y ni siquiera podría realizar su proeza.
En el Karate, todas las posturas también se realizan con las rodillas flexionadas, para mantener un buen equilibrio y fortaleza, evitando ser derribados.
La rigidez de las rodillas implica que no podamos descargar a tierra las tensiones, y estas se asienten en alguna parte de nuestra columna.

El otro mandamiento era: “dejar salir el vientre”. Este es más difícil de lograr, porque tenemos que romper con la creencia: que un vientre chatito es la postura correcta y genera buena apariencia..
Un vientre contraído, dificulta la respiración abdominal, teniendo que inflar el pecho cada vez que tomamos aire, recargando así esta zona. La respiración abdominal es más completa, donde el diafragma desciende y las costillas se expanden, dando lugar a la carga de oxígeno de los pulmones.
Un vientre relajado permite que la energía fluya libremente entre la parte inferior y superior del cuerpo. La rigidez provoca un corte, como si tuviéramos un cinturón que divide nuestro cuerpo en dos, dificultando la conexión entre lo que pensamos y lo que realmente hacemos.

Ahora detén la lectura en este momento y desvía tu atención a tu vientre: ¿Cómo se encuentra? ¿Está relajado? ¿Está tensionado? ¿Tu respiración es completa o superficial?

Lowen dice: “ El vientre es literalmente el asiento de la vida. El cuerpo se asienta sobre el cesto de la pelvis, tenemos contacto con los órganos sexuales y con las piernas. Es también en el vientre que el individuo es concebido, y es del vientre que emerge hacia abajo a la luz del día. La pérdida de contacto con este centro vital desequilibra a una persona y conduce a la ansiedad y la inseguridad”

Ahora te dejo con este video que muestra algunos ejercicios para conectarte a la tierra; relajando el vientre, flexionando las rodillas, respirando en forma completa y logrando que la vibración ascienda desde los pies y piernas, hacia todo el cuerpo, expandiendo el pecho y la mente.


 

Abrazos.
Lic. Lorena Fornillo

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