Hay
una mitad de nuestro cuerpo que en los tiempos actuales va perdiendo
importancia. Vamos por la vida como si nos faltara la mitad inferior,
flotando en el aire. Una sensación de inseguridad, falta de apoyo,
ansiedad y angustia se presentan como los malestares de estos
tiempos; con una cabeza super inflada por la cataratas de estímulos
visuales y nuestras propias preocupaciones y obligaciones.
El
gran avance tecnológico, apunta a que cada vez nos movamos menos;
podemos conseguir las cosas que deseamos desde nuestra propia casa y realizando un simple clic. Podemos comprar, trabajar, estudiar,
relacionarnos con amigos y hasta enamorarnos sentados frente a una
computadora.
Una
vez iba caminando por una Avenida muy transitada. Me quedé
asombradísima al ver una joven cruzar la calle con el semáforo en
su contra; los autos pasándole por delante y atrás; pero ella
parecía estar en otro mundo o como se dice habitualmente: “en la
luna”. La mujer caminaba completamente absorta hablando por
celular; y lo peor de todo es que a nadie llamó la atención, cada
uno iba metido en sus propios pensamientos.
Gente
que pareciera ir flotando por la vida encontramos por doquier. Es
tanta la estimulación que recibe nuestra cabeza, que pareciera no
haber tiempo de ocuparse de la parte inferior de nuestro cuerpo.
Lowen denomina a estas personas: “los colgados”.
La
vida tan sedentaria que llevamos hoy en día, hace que perdamos
contacto con nuestra base. De la cintura para abajo nuestro cuerpo va
perdiendo vitalidad; la energía se va estancando y perdiendo el
estado vibratorio.
El
movimiento, el ejercicio, la danza, nos permite conectarnos con esta
mitad olvidada. Lowen dice: “La toma de tierra supone que la
persona -descienda- que baje su centro de gravedad, que se sienta más
cerca de la tierra”
Estar
en contacto con la tierra aporta mayor seguridad; tus piernas
comienzan a vibrar; tus pasos se vuelven más certeros. Aumenta la
confianza, la creatividad y el camino hacia el placer y una sexualidad
más plena.
La
toma a tierra ayuda a la persona a conectarse con su animalidad; con
la fuerza; con la creación. La locomoción, la defecación y la
sexualidad son funciones de esta mitad inferior.
Cuando
logramos que el centro de gravedad del cuerpo se deposite en la
pelvis; en el bajo vientre, siendo nuestros pies los soportes
energéticos; logramos un equilibrio mente-cuerpo.
La
fuerza vital se desarrolla en esta zona y los orientales conocen bien
este centro de equilibrio. Los japoneses lo llaman: “hara”, que
significa vientre; y sus disciplinas apuntan a desarrollarlo.
Dürckheim escribe: “Cuando un hombre posee un Hara plenamente
desarrollado, tiene la fuerza y la precisión de realizar acciones que
de otro modo nunca podría conseguir, ni siquiera con la técnica más
perfecta, la mayor atención o la más grande fuerza de voluntad.
Sólo lo hecho con Hara tiene éxito completo”.
Caminar
descalzos por el césped; sentarse en el suelo bajo un árbol;
entregarnos a una sexualidad plena con la persona que amamos;
bailar; movernos; son cuestiones tan sencillas, básicas, que no
requieren dinero y que nos pueden aportar una gran sensación de
bienestar, nos ayuda a descargar las tensiones del día, nos sentimos
más vital, creativos y gozosos.
Tal
vez puedan objetar que no hay tiempo para tomarse estos recreos; el
reloj corre a mil por hora y las obligaciones son muchas. Pues bien,
mantenernos unidos a la tierra a veces sólo basta con un cambio de
postura.
Desde
niños, sobre todo en edad escolar, nos enseñan a pararnos
derechitos; hombros atrás, pecho afuera, panza hundida; verdaderos
soldaditos. Observen a un niño más pequeño, que todavía no está
atravesado por las “buenas costumbres”; su parada es relajada,
descontracturada, los hombro bajos y la panza afuera. Ese niñito
vibra, anda por la vida sin bloqueos.
Lowen
nos enseña que hay dos “mandamientos”, así los llama, para
permanecer con la toma a tierra en cualquier momento,
independientemente de la actividad que uno realice: mantener las
rodillas ligeramente flexionadas y dejar salir el vientre.
Tal
vez esta postura nos resulta inapropiada, muy lejos de lo que la
cultura nos impone como atractivo.
Las
rodillas son los amortiguadores del cuerpo, mantenerlas flexibles
permite que la energía fluya libremente por nuestras piernas,
cargándonos de energía y descargando a la vez, nuestras tensiones.
Permite también que nuestro cuerpo soporte cargas, ya sean
materiales como psicológicas.
Fíjense en un fisicoculturista cuando levanta una pesa; sus rodillas son
flexionadas para poder realizarlo, de otro modo, con las rodillas
rígidas, todos nos imaginamos que podría sufrir una grave lesión
en su columna y ni siquiera podría realizar su proeza.
En
el Karate, todas las posturas también se realizan con las rodillas
flexionadas, para mantener un buen equilibrio y fortaleza, evitando
ser derribados.
La
rigidez de las rodillas implica que no podamos descargar a tierra las
tensiones, y estas se asienten en alguna parte de nuestra columna.
El
otro mandamiento era: “dejar salir el vientre”. Este es más
difícil de lograr, porque tenemos que romper con la creencia: que un
vientre chatito es la postura correcta y genera buena apariencia..
Un
vientre contraído, dificulta la respiración abdominal, teniendo que
inflar el pecho cada vez que tomamos aire, recargando así esta zona.
La respiración abdominal es más completa, donde el diafragma
desciende y las costillas se expanden, dando lugar a la carga de
oxígeno de los pulmones.
Un
vientre relajado permite que la energía fluya libremente entre la
parte inferior y superior del cuerpo. La rigidez provoca un corte,
como si tuviéramos un cinturón que divide nuestro cuerpo en dos,
dificultando la conexión entre lo que pensamos y lo que realmente
hacemos.
Ahora
detén la lectura en este momento y desvía tu atención a tu
vientre: ¿Cómo se encuentra? ¿Está relajado? ¿Está tensionado?
¿Tu respiración es completa o superficial?
Lowen
dice: “ El vientre es literalmente el asiento de la vida. El cuerpo
se asienta sobre el cesto de la pelvis, tenemos contacto con los
órganos sexuales y con las piernas. Es también en el vientre que el
individuo es concebido, y es del vientre que emerge hacia abajo a la
luz del día. La pérdida de contacto con este centro vital
desequilibra a una persona y conduce a la ansiedad y la inseguridad”
Ahora
te dejo con este video que muestra algunos ejercicios para conectarte
a la tierra; relajando el vientre, flexionando las rodillas,
respirando en forma completa y logrando que la vibración ascienda
desde los pies y piernas, hacia todo el cuerpo, expandiendo el pecho
y la mente.
Abrazos.
Lic.
Lorena Fornillo
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