Según
la Organización Mundial de la Salud (OMS) la enfermedad es la
“alteración o
desviación del estado fisiológico de una o varias partes del cuerpo
por causas en general conocidas, manifestada por síntomas y unos
signos característicos, cuya evolución es más o menos
previsible”
Según
la ciencia médica, la enfermedad aparece como un mal funcionamiento
de una o varias partes del cuerpo.
Si bien en cierto modo esto es verdad, al hablar de partes del cuerpo,
se pierde la noción de totalidad. El ser humano queda desdibujado en
partes y funciones aisladas.
La
ciencia médica hace hincapié en los signos y síntomas que aparecen
cuando una persona está enferma. Todo tratamiento apunta a quitar
estos síntomas o por lo menos tenerlos bajo control.
Me
basaré en el libro: “La enfermedad como camino” de Dethlefsen y
Dahlke; que nos muestran una concepción de la enfermedad diferente.
Comenzaré con este ejemplo: “Un
automóvil lleva varios indicadores luminosos que se encienden cuando
existe una grave anomalía en el funcionamiento del vehículo. Si
durante un viaje, se enciende uno de los indicadores, ello nos
contraría. Nos sentimos obligados por la señal a interrumpir el
viaje. Por más que nos moleste parar, comprendemos que sería una
estupidez enfadarse con la lucecita; al fin y al cabo, nos está
avisando de una perturbación que nosotros no podríamos descubrir
con tanta rapidez, ya que se encuentra en una zona que nos es
((inaccesible)) Por lo tanto, nosotros interpretamos el aviso de la
lucecita como recomendación de que llamemos a un mecánico que
arregle lo que hay que arreglar para que la lucecita se apague y
nosotros podemos seguir viaje. Pero nos indignaríamos, y con
razón,si para conseguir este objetivo, el mecánico se limite a quitar la lámpara. Desde luego el indicador ya no estaría encendido
-y esto es lo que queríamos- pero el procedimiento utilizado sería
muy simplista.”
¿A
caso la medicina científica no actúa muchas veces, como aquél
mecánico que sólo se ocupa de quitar la lucecita? ¿A caso los
artilugios medicamentosos apuntan sólo a acallar el síntoma,
mientras que la enfermedad sigue su curso? Lamentablemente, algunos
médicos sólo despachan recetas según los síntomas de sus
pacientes; ni siquiera se toman el trabajo de revisarlos o por lo
menos mirarlos a los ojos.
Por
suerte no todos; hay muchos médicos maravillosos que no se dejan
deslumbrar por la simple metodología y toman en cuenta a la persona
que tienen en frente, pudiendo tal vez, darse unos minutos para
prestar el oído e indagar un poco más sobre el sufrimiento que se
esconde detrás de sus síntomas.
Es
interesante ver el origen de la palabra “enfermedad”.
Proviene del latín: “infirmitas”
que significa literalmente: “falto de firmeza”. La “firmeza”
la podemos pensar como estabilidad, fortaleza, entereza y constancia.
Cuando alguien enferma pierde esta estabilidad, comienza a basilar y
pierde seguridad. Perdemos la firmeza cuando aparecen uno o varios
conflictos; pero estos conflictos sólo pueden aparecer en la
conciencia; en el plano mental, y el cuerpo sólo se encarga de
mostrarnos con señales de alerta, que algo no anda bien.
“En
suma, la enfermedad es un estado que indica que el individuo, en su
conciencia, ha dejado de estar en orden y armonía. Esta pérdida
del equilibrio interno, se manifiesta en el cuerpo en forma de
síntoma”
La
enfermedad es una pequeña o gran herida narcisista; nos recuerda que
somos mortales e incompletos, nos señala que hay algo que nos falta.
La enfermedad nos voltea, nos obliga a tomar reposo y reflexionar;
parar la pelota antes que nos estrellemos. ¿Pero
hay que combatir el síntoma? ¿Acaso es un enemigo peligroso que nos
tenemos que sacar de encima?
“El
síntoma será como el maestro que nos ayude a entender a nuestro
desarrollo y conocimiento, un maestro severo que será duro con
nosotros si nos negamos a aprender la lección más importante. La
enfermedad no tiene más que un fin: ayudarnos a subsanar nuestras
((faltas)) y hacernos sanos”
Combatir los síntomas es una estupidez tan grande como quitar los
indicadores del automóvil que monitorean su funcionamiento. Los
síntomas son el camino a la verdad de lo que nos pasa realmente en
la conciencia. Son como el viejo acomodador de cine, que con su
linterna nos guía por un camino oscuro. Lo que hay que saber es
escuchar lo que el síntoma tiene para decirnos; cifrar su lenguaje.
La
salud se relaciona con el camino hacia la armonía, hacia la plenitud
y completud. La curación no se logra eliminando los síntomas, sino
cuando se logra incorporar aquello que “falta”. La curación
implica una expansión de conciencia.
Lic. Lorena Fornillo

No hay comentarios:
Publicar un comentario